
Cuántas placas solares necesita una casa pasiva
Es una de las preguntas que más nos llegan por teléfono, y casi siempre viene formulada igual: «para una casa de doscientos metros, ¿cuántas placas me hacen falta?». La respuesta honesta es que los metros cuadrados no lo deciden, y se ve muy bien mirando tres obras nuestras.
En Villimar, en Burgos, una vivienda de 488,40 m² construidos lleva una instalación de quince paneles. En Meco, en Madrid, una de 429,28 m² lleva doce. Y en Colmenarejo, 180,70 m², no hay ninguno.
Si el número dependiera de la superficie, la tercera llevaría cinco o seis. No lleva ninguno, y la casa cumple el estándar igual. Lo que decide no es cuánta casa hay, sino cuánta electricidad va a consumir y en qué momento del día.
Lo poco que gasta en calentarse, y por qué eso lo cambia todo
Esta es la parte contraintuitiva. En una vivienda convencional, la calefacción es el gasto gordo del año y todo lo demás viene detrás. En una casa pasiva deja de serlo, y el reparto se da la vuelta.
Hagamos la cuenta despacio para una vivienda de 150 m² útiles. El estándar limita la demanda de calefacción a 15 kWh por metro cuadrado y año, así que esa casa pide como mucho 2.250 kWh de calor al año. Pero ese calor no se compra: se produce con una bomba de calor que, por cada kilovatio hora de electricidad que consume, entrega del orden de tres o cuatro de calor. Dividiendo, la casa entera se calienta un invierno con unos 550 a 750 kWh de electricidad.
Para hacerse una idea de la magnitud: una vivienda española media consume del orden de 3.000 kWh de electricidad al año para todo. Calentar una casa pasiva entera cuesta, por tanto, algo así como la quinta parte de lo que ya gastas sin calentar nada.
Mientras tanto, el agua caliente sanitaria de esa misma familia puede andar por ahí o por encima, y no baja aunque la casa esté muy bien hecha, porque depende de cuántas duchas se dan al día y no del aislamiento. Súmale la cocina, la lavadora, el lavavajillas, la iluminación, los ordenadores, el televisor.
Conclusión práctica: en una casa pasiva, la fotovoltaica no se dimensiona para la calefacción. Se dimensiona para todo lo demás. Y «todo lo demás» depende de la familia, no del edificio. De ahí que dos casas casi idénticas puedan necesitar instalaciones muy distintas, y que una casa grande con dos personas dentro pueda pedir menos que una pequeña con cinco.
Las tres obras, explicadas
Villimar (Burgos), quince paneles. 488,40 m² construidos, cuatro dormitorios, aerotermia con bomba aire-agua, suelo radiante en toda la vivienda y piscina. La piscina es la clave: depurar y, si se climatiza, calentar un vaso de agua es un consumo que no tiene nada que ver con la vivienda y que además se concentra justo en los meses de más sol. En zona climática E1, la más exigente de invierno del CTE, y aun así lo que engorda la instalación no es el frío de Burgos.
Meco (Madrid), doce paneles. 429,28 m², cuatro dormitorios, cuatro baños, también con piscina, aerotermia con bomba inverter reversible y fancoils. Reversible quiere decir que la misma máquina da frío en verano, y en Madrid, zona D3, el verano se usa. Tres paneles menos que Burgos para una casa de tamaño parecido, porque el conjunto de consumos es distinto.
Colmenarejo (Madrid), ninguno. 180,70 m², tres dormitorios, aerotermia con fancoils, sin piscina. La casa cumple el estándar sin generación propia. Podría llevar paneles perfectamente y probablemente los lleve algún día, pero no le hacían falta para funcionar ni para certificarse, y preferimos no vender lo que no hace falta.
Cómo se hace la cuenta para tu caso
La aritmética no tiene misterio y la puedes hacer tú en cinco minutos.
Un panel residencial de hoy ronda los 450 o 500 vatios pico. Doce paneles son, por tanto, unos 5,5 o 6 kWp de potencia instalada. Y en España, según la zona y la orientación, cada kilovatio pico produce al año del orden de 1.200 kWh en la cornisa cantábrica y hasta 1.700 en el centro y el sur. Multiplicando, una instalación de doce paneles genera entre unos 7.000 kWh al año en Bilbao y unos 10.000 en Toledo.
Ahora mira tu factura, la de verdad, la de los últimos doce meses. Si consumes 5.000 kWh al año, esa instalación te sobra por mucho. Si consumes 12.000 porque tienes piscina y coche eléctrico, se queda corta.
Ese es el orden correcto: primero el consumo, después los paneles. Y si la casa aún no existe, el consumo se estima con el cálculo del proyecto, no a ojo.
El problema de verdad no es generar: es la hora
Aquí es donde se decide si la instalación es un buen negocio o un adorno caro.
Los paneles producen en una campana centrada al mediodía. Una familia consume por la mañana temprano y, sobre todo, de siete de la tarde a once de la noche. Las dos curvas apenas se tocan. Sin hacer nada al respecto, el porcentaje de lo que produces y además aprovechas —lo que se llama autoconsumo— se queda típicamente en torno a un tercio. El resto se vierte a la red y se compensa en factura a un precio bastante peor que el que pagas por comprarla.
Hay tres maneras de arreglarlo, y la más barata es la que menos se menciona.
Mover el consumo al mediodía. Lavadora, lavavajillas y coche eléctrico programados a las dos de la tarde. Cuesta cero euros y sube el autoconsumo de forma notable. Casi todo el mundo lo descubre el primer verano y se arrepiente de no haberlo hecho antes.
Usar la casa como batería. Esta es la buena, y es específica de una casa pasiva. Una vivienda con suelo radiante tiene varias toneladas de mortero bajo el pavimento que almacenan calor. Si haces trabajar la bomba de calor de doce a cuatro de la tarde, con el sol, la losa se carga y suelta ese calor por la noche. Lo mismo con el depósito de agua caliente, que es una batería térmica de doscientos litros que ya has pagado.
Y funciona precisamente porque la casa es pasiva: una vivienda con una envolvente mediocre se enfría en un par de horas y no te deja jugar con los horarios; una Passivhaus se mueve un grado en toda la noche. La inercia que hace confortable la casa es la misma que te permite guardar el sol de la tarde. No hace falta comprar nada: hace falta programar bien el termostato.
Y, si hace falta, una batería. Eléctrica, de litio. Sube el autoconsumo bastante —se suele hablar de llegar a dos tercios o más—, pero es la parte cara de la instalación y tiene vida útil propia. Nuestra recomendación práctica: deja el hueco, el cableado y la previsión hechos, vive un año con los paneles, mira los datos reales de tu casa y entonces decide. Es muchísimo más barato dejar un espacio previsto que reformar un cuarto de instalaciones.
Dónde se ponen, que tampoco es obvio
Todo el mundo da por supuesto que al sur. Es lo que más produce en total, y no siempre es lo que más conviene.
Un reparto este-oeste, con la mitad de los paneles a cada lado, genera algo menos al año pero reparte la producción en una meseta más ancha: empieza antes por la mañana y termina más tarde por la tarde, que es justo cuando la casa está consumiendo. Si no vas a poner batería, muchas veces sale mejor cuenta. Al sur conviene cuando el grueso del consumo es diurno, por ejemplo con una piscina depurando.
Y una advertencia sobre sombras: una sola chimenea proyectando sombra sobre un panel puede penalizar a toda la fila conectada a él. Con optimizadores o microinversores se limita el daño, pero lo barato es pensarlo antes y no poner paneles donde a las cinco de la tarde de enero da la sombra del tejado vecino.
La parte que nos toca a nosotros: la cubierta
Aquí está el motivo por el que este artículo lo escribe una constructora y no un instalador.
La foto de arriba es una obra nuestra con la estructura de cubierta montándose. En ese momento, con las vigas a la vista, es cuando hay que saber si va a haber paneles. Porque un instalador que llega dos años después hace su trabajo con las herramientas de su oficio: taladra. Y lo que taladra, en una casa certificada, es la envolvente que costó una fortuna dejar continua y estanca.
Cada anclaje de una estructura fotovoltaica es una perforación. Cada bajante de cables es un paso que atraviesa el aislamiento y la lámina de estanqueidad. Es el mismo problema que contábamos de los enchufes, pero en la cubierta, que es donde más duele: el agua entra por arriba y el calor también se va por arriba.
Previsto a tiempo, es trivial. Se dejan los refuerzos estructurales donde irán los anclajes, se deja un pasacables sellado para la bajada a sótano o a cuarto de instalaciones, y se calcula la sobrecarga en el cálculo de estructura. No cuesta prácticamente nada.
No previsto, el instalador perfora por donde puede, y entonces hay dos opciones: o se hace con alguien que entienda qué está atravesando y lo selle como es debido, o el ensayo de estanqueidad que tanto costó pasar deja de ser cierto al día siguiente de ponerlo. Nos ha tocado ir a arreglar cubiertas por esto.
Si vas a construir y no tienes claro si pondrás paneles, la respuesta correcta no es «ya lo veremos»: es dejarlo preparado y decidir después.
Y para la certificación, ¿hacen falta?
Para certificar una vivienda como Passivhaus Classic, no. La clase básica se consigue con la envolvente y las instalaciones, sin generación propia. Colmenarejo es exactamente ese caso.
Las clases superiores sí piden generación de energía renovable, y bastante. Es lo que separa Classic de Plus y de Premium, y lo contamos con los umbrales en este artículo. Si lo que quieres es subir de clase, los paneles dejan de ser una decisión económica y pasan a ser un requisito del proyecto, con lo cual hay que tenerlo encima de la mesa desde el principio y no al final.
Entonces, ¿cuántas?
Las que cubran el consumo que vas a tener, no los metros que vas a construir. Para llegar a ese número hace falta saber cuántos vais a vivir en la casa, si habrá piscina, si habrá coche eléctrico, con qué sistema se produce el agua caliente y a qué horas se usa la vivienda. Con esos datos el cálculo sale solo; sin ellos, cualquier cifra que te dé alguien por teléfono se la está inventando.
Lo que sí podemos decirte de entrada es lo que no cambia: en una casa bien hecha, la calefacción deja de mandar en la factura, y eso hace que la instalación fotovoltaica que necesitas sea casi siempre más pequeña de lo que esperabas. Es de las pocas veces en que la buena noticia es que hace falta comprar menos cosas.
Si estás con un proyecto y quieres el número para tu caso, cuéntanos cómo es y lo calculamos.


