
La instalación eléctrica: cada enchufe es un agujero
Cuando un electricista entra por primera vez en una obra nuestra suele pasar lo mismo: viene a tomar medidas cuando la casa ya está cerrada, y le decimos que llega tarde. En una vivienda con estanqueidad certificada, la instalación eléctrica se decide con el muro aún abierto, porque cada caja y cada paso de cable atraviesa la barrera que define la casa.
La cuenta que nadie hace
Una vivienda unifamiliar media lleva entre ochenta y ciento veinte cajas empotradas entre enchufes, interruptores y puntos de luz. Si cada una deja pasar un soplo de aire, la suma es un agujero del tamaño de una ventana abierta. Es exactamente lo que aparece en el primer blower door de las obras donde esto no se ha cuidado: el humo sale por los enchufes.
Las tres formas de resolverlo
Trasdosado técnico. La más limpia, y la que usamos casi siempre en estructura de madera. La barrera de estanqueidad se coloca por dentro del aislamiento y delante se monta una cámara de unos cinco centímetros donde va toda la instalación. El electricista trabaja con libertad y no toca la barrera ni una vez. Cuesta esos cinco centímetros de superficie útil y los vale.
Cajas estancas. Cuando no hay trasdosado, cada caja tiene que ser de las certificadas para este uso, con membrana para la entrada del tubo. No son las de siempre y no valen las de siempre.
Pasamuros para lo que sale fuera. La acometida, el cable de la fotovoltaica, la antena, el cargador del coche, la farola del jardín. Cada uno es una perforación completa de la envolvente y cada uno lleva su manguito estanco. El que se resuelve con espuma de poliuretano el viernes por la tarde es el que aparece en el ensayo.
Lo que conviene dejar previsto
Abrir regatas después es caro en cualquier casa; en ésta, además, es abrir el aislamiento. Por eso insistimos en dejar previsto lo que razonablemente puede venir después:
- Punto de carga para el coche en el garaje, aunque todavía no haya coche eléctrico: un tubo vacío desde el cuadro cuesta poco.
- Subida a cubierta para la fotovoltaica, con su paso estanco hecho desde el principio.
- Cable de red a los puntos de trabajo y a los televisores. El wifi va bien hasta que no va, y pasar un cable después significa abrir falso techo.
- Un tubo de reserva del cuadro a cada planta. Es el seguro más barato de la obra.
Domótica: la justa
Aquí tenemos una opinión formada de ver casas a los cinco años. Lo que de verdad se usa en una vivienda pasiva es poco: control del recuperador, control de la bomba de calor, y motorización de las persianas o lamas del sur, que es lo que gobierna el sobrecalentamiento de verano. Eso sí merece la pena automatizarlo, porque depende del sol y no de que alguien se acuerde.
El resto —escenas de luz, cortinas, altavoces en cada habitación— es gusto personal y presupuesto. No tiene nada de malo, pero no mejora el comportamiento de la casa, y conviene saberlo antes de gastarlo.
Una cosa que sí pedimos: que el sistema, sea el que sea, funcione sin internet. Una casa que no puede encender la luz porque se ha caído un servidor en otro país es una mala casa.
El orden que seguimos
Replanteo de puntos con el cliente sobre plano y en obra, con cinta en la pared, antes de cerrar nada. Después el tendido, después la prueba de estanqueidad intermedia —con la instalación hecha y todavía accesible— y sólo entonces se cierran los trasdosados. Si algo falla, se arregla cuando aún es gratis.


