
El verano es el examen difícil: el sobrecalentamiento
Casi toda la divulgación sobre el estándar viene del centro y el norte de Europa, y ahí el enemigo es el invierno. En Madrid, en Zaragoza o en Toledo el examen difícil es agosto. Una casa muy aislada y muy estanca que se diseñe pensando sólo en el frío se convierte en un termo: entra calor por los vidrios, se queda dentro y no hay por dónde sacarlo.
El número que lo mide
El estándar no se conforma con pedir poca demanda de refrigeración. Pone además un límite al porcentaje de horas del año en que la casa pasa de 25 °C, y ese porcentaje no debería superar el 10 %. Son unas 876 horas, repartidas de mayo a septiembre.
Es un criterio incómodo porque no se arregla con una máquina. Se calcula en el PHPP con la casa ya dibujada, hora a hora, y si sale mal hay que cambiar el proyecto. Por eso conviene mirarlo antes de pedir licencia y no cuando están puestas las ventanas.
Lo que sube la temperatura
Por orden de importancia en nuestras obras:
El vidrio al sur y, sobre todo, al oeste. Un hueco grande a poniente recibe el sol de la tarde con la casa ya caliente. Es el peor sitio para una cristalera y el más pedido.
La falta de sombra exterior. Una persiana por dentro no sirve de nada: el calor ya ha entrado. Hace falta algo que pare la radiación antes del vidrio, y la diferencia entre tenerlo y no tenerlo son varios grados, no décimas.
Las ganancias internas. Personas, cocina, electrodomésticos, placa de inducción, ordenadores. En una casa que apenas pierde calor, lo que se genera dentro pesa mucho más que en una casa corriente.
Cómo se resuelve, por orden
Primero con geometría, que es gratis y no se avería. Vuelos y porches calculados para que el sol de verano no llegue al vidrio y el de invierno sí, porque la altura solar cambia unos 45 grados entre junio y diciembre. Contraventanas, lamas orientables o un toldo bien dimensionado en lo que no se pueda proteger con el propio edificio.
Después con el vidrio. Se elige el factor solar hueco por hueco, no igual en toda la casa: alto al sur, donde interesa que entre sol en enero, y bajo al oeste.
Después con la ventilación nocturna. En el interior peninsular las noches de agosto bajan de 20 °C casi siempre. Dejar cruzar aire de madrugada vacía el calor acumulado, y eso pide pensar antes dónde hay ventanas practicables enfrentadas y cómo se abren sin dejar la casa abierta de par en par.
Y en último lugar, si hace falta, con una máquina. En una casa pasiva la potencia de refrigeración que queda por cubrir es pequeña, y casi siempre la da el mismo equipo de aerotermia que calienta en invierno.
Lo que vemos cuando no se ha mirado
Casas con la fachada principal de cristal a poniente porque era la de las vistas, sin un centímetro de sombra, y un aire acondicionado puesto después para tapar el problema. Funciona, pero se paga dos veces: en la factura y en la sensación, porque enfriar aire no es lo mismo que no haberse calentado.
En nuestras obras el estudio de verano entra en el cálculo desde la primera versión del proyecto. Si estás pensando en construir, cuéntanoslo antes de cerrar los planos.


