
Garaje, porche y trastero: qué queda dentro de la envolvente y qué fuera
En cualquier proyecto Passivhaus hay un dibujo que manda sobre todos los demás: la línea continua que rodea la parte calentada de la casa. Dentro de esa línea va el aislamiento, la estanqueidad y la ventilación. Fuera, no va nada de eso. Parece un detalle de plano y es la decisión que más metros cuadrados —y más dinero— mueve.
La regla: la línea no se puede cortar
El principio es sencillo de enunciar y difícil de cumplir: la envolvente tiene que poder dibujarse de un trazo, sin levantar el lápiz, rodeando todo lo que se calienta. En el momento en que un espacio queda a medias —medio dentro, medio fuera— aparece un puente térmico de los grandes.
El garaje: fuera, casi siempre
Meter el garaje dentro de la envolvente significa aislar y calentar entre 20 y 35 metros cuadrados para guardar un coche. Además obliga a resolver la puerta basculante, que es el elemento menos estanco que existe, y a ventilar un espacio donde entra un motor caliente y húmedo.
Lo normal es dejarlo fuera: el garaje va adosado pero separado por un muro aislado, con su puerta de paso a la casa tratada como puerta exterior. El coche pasa el invierno a la temperatura de la calle, que es donde ha estado siempre.
La excepción es el garaje bajo la vivienda en parcelas con mucha pendiente. Ahí la línea pasa por el forjado que los separa, y ese forjado lleva el mismo aislamiento que llevaría una cubierta.
El porche: fuera, y además es un aliado
El porche nunca entra. Es espacio exterior cubierto, sin cerrar, y su función en una casa pasiva va más allá de tomar el café: bien dimensionado hace de protección solar del hueco grande del sur. En verano, con el sol alto, el vuelo del porche da sombra a la cristalera; en invierno, con el sol bajo, deja pasar la radiación por debajo.
Cuidado con una cosa: el porche se apoya en algún sitio, y esos apoyos no pueden atravesar el aislamiento. Se resuelven con elementos de ruptura o, mejor, con estructura independiente.
El trastero: depende de qué se guarde
Si el trastero está dentro del volumen de la casa, lo barato suele ser dejarlo dentro: separarlo obligaría a aislar tres paredes y un techo, y el ahorro de calefacción de esos seis metros no lo compensa.
Si es una caseta aparte en el jardín, fuera, obviamente. Y si se piensa guardar allí la bicicleta mojada, el cubo de la fregona y la ropa tendida, conviene que esté fuera: en un espacio dentro de la envolvente, sin su propia extracción, eso es humedad que acaba en el resto de la casa.
El cuarto de instalaciones, dentro
Aquí no hay duda. La máquina de recuperación de calor, el acumulador de agua caliente y los conductos tienen que estar dentro del volumen aislado. Un recuperador en un garaje frío pierde por el camino buena parte de lo que recupera, y los conductos que cruzan un espacio no calefactado condensan.
Cómo lo dibujamos
En cada proyecto sacamos una sección con la línea del aislamiento marcada en rojo y la de estanqueidad en azul, y se repasa espacio por espacio con el cliente antes de empezar. Diez minutos de ese dibujo ahorran discusiones durante toda la obra, porque a partir de ahí cada detalle constructivo tiene que respetar las dos líneas.


