
Chimenea o estufa de leña en una casa pasiva: se puede, con condiciones
De todas las preguntas que llegan en la primera reunión, ésta gana por goleada. La gente quiere su fuego. Y la respuesta es que sí, se puede, pero hay que decidirlo antes de dibujar el plano, no cuando la casa está levantada.
El problema no es el calor, es el aire
Una chimenea o una estufa de leña queman, y para quemar necesitan oxígeno. Una estufa normal lo coge del salón. En una casa corriente eso no se nota, porque entra aire nuevo por todas las rendijas. En una casa con un ensayo de estanqueidad por debajo de 0,6 renovaciones por hora, esas rendijas no existen.
Si el aparato tira del aire del salón y la casa no tiene por dónde reponerlo, pasan dos cosas: la combustión empeora y la vivienda se pone en depresión. Con el recuperador de calor funcionando a la vez, esa depresión puede llegar a arrastrar humos hacia dentro. No es una teoría incómoda: es la razón por la que esto se regula.
Lo que sí vale: aparato estanco con aire del exterior
La solución es un aparato estanco, de cámara cerrada, con un conducto propio que le trae el aire de combustión desde la calle. El fuego queda aislado del aire de la casa: coge el suyo fuera y devuelve los humos fuera. El salón sólo recibe el calor que irradia el cristal.
Tres cosas que hay que pedir:
- Certificado de estanqueidad del aparato. No todas las estufas «de cámara cerrada» son estancas en el sentido que aquí importa. El fabricante tiene que decirlo por escrito.
- Doble paso por la envolvente, bien resuelto. El conducto de humos y el de aire atraviesan el aislamiento y la barrera de estanqueidad. Son dos agujeros, y cada uno necesita su collarín y su sellado. Hechos a la carrera, son dos puentes térmicos y dos fugas.
- Que entre en el cálculo. El PHPP tiene que saber que ahí hay un aparato. Si no, los números de la casa no son los de la casa.
La parte incómoda: casi nunca hace falta
Lo decimos siempre, aunque no sea lo que se quiere oír. Una estufa de leña pequeña da unos 6 kW. La demanda de calefacción de una vivienda pasiva de 150 metros está, según la zona, en el entorno de los 2 o 3 kW en el día más frío del año. Es decir: con la estufa encendida media hora el salón pasa de agradable a insoportable, y como la casa no se enfría rápido, sigue insoportable tres horas después.
A quien ha vivido siempre con chimenea esto le cuesta de creer hasta que lo prueba. Por eso proponemos casi siempre el aparato más pequeño que haya en catálogo, o uno de bioetanol decorativo, que no necesita ni conducto ni aire de combustión.
Lo que decidimos con el cliente
Si la chimenea es un capricho irrenunciable —y es legítimo que lo sea, una casa también es eso—, se diseña desde el principio: sitio, conductos, aire exterior y una potencia que no convierta el salón en una sauna. Si es «por si acaso hace frío», solemos convencer de que no la ponga, y en tres años nadie la ha echado de menos.
Lo que no hacemos es dejar «un hueco por si luego la quieres». Abrir después dos conductos en una envolvente terminada es romper lo que más cuesta conseguir.


