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Condensaciones, humedades y moho: por qué salen y por qué aislar mal los empeora

Condensaciones, humedades y moho: por qué salen y por qué aislar mal los empeora

10 min de lectura Materiales

Casi siempre nos llaman en enero, y casi siempre con la misma foto: la esquina de un dormitorio con una mancha gris que empieza a ponerse negra, o el alféizar de una ventana con un charco todas las mañanas. La pregunta que viene detrás también se repite: «¿esto se arregla aislando?». A veces sí. Y a veces aislando como se suele aislar se empeora, que es lo que queremos explicar aquí.

Primero: casi nunca es una gotera

Hay tres humedades distintas y se confunden constantemente, aunque se distinguen bastante bien a simple vista.

La filtración entra de fuera: una cubierta rota, un canalón que rebosa, una junta de carpintería abierta. Aparece cuando llueve y se seca días después. Suele dejar cerco amarillento con un borde marcado.

La capilaridad sube del terreno por el muro. Se queda a media altura, con una línea horizontal bastante recta, a menudo con sales blancas, y le da igual la época del año.

La condensación no viene de ninguna parte: ya estaba dentro, en el aire, en forma de vapor. Aparece en invierno, empeora por la noche, se concentra en esquinas, detrás de muebles pegados a fachada, en los rincones de las habitaciones que no se calientan y en el marco de las ventanas. Es la más frecuente con diferencia, y es de la que va el resto del artículo.

El punto de rocío, que es toda la explicación

El aire caliente admite más vapor de agua que el aire frío. Cuando el aire de una habitación toca una superficie suficientemente fría, no puede seguir sosteniendo todo su vapor y lo suelta en forma de agua líquida. La temperatura a la que eso ocurre se llama punto de rocío, y depende de dos cosas que se pueden medir con un aparato de quince euros: la temperatura del aire y su humedad relativa.

Con una casa a 20 ºC, la cuenta sale así:

Humedad relativaCondensa en cualquier superficie por debajo de
40 %6 ºC
50 %9 ºC
60 %12 ºC
70 %14 ºC
80 %16 ºC

Léelo al revés y se entiende el problema de golpe. En una vivienda normal de invierno, con el ambiente al 60 % de humedad, basta con que un rincón esté a once grados para que se moje. Y once grados en la esquina de un muro sin aislar, en Burgos o en Vitoria, no es una anomalía: es lo normal.

Por eso el moho sale siempre en los mismos sitios. No es casualidad ni mala suerte: son los puntos donde la temperatura superficial baja de ese umbral.

Dónde está frío, exactamente

Si vas con un termómetro de infrarrojos por una vivienda de los setenta un día de enero, el mapa se repite:

  • El encuentro de dos fachadas. Una esquina tiene más superficie fuera que dentro, así que se enfría más rápido que el paño. Es el primer sitio donde aparece la mancha.
  • El canto del forjado. La losa de hormigón sale a fachada y hace de aleta de refrigeración. Se nota como una franja fría a la altura del techo, muchas veces con la mancha dibujando una línea horizontal perfecta.
  • La caja de persiana. El agujero más grande y más frío de casi cualquier vivienda española anterior a 2006.
  • El marco de la ventana y el vidrio. Lo primero que se empaña, y la razón por la que mucha gente cree que la culpa es de la ventana.
  • El suelo sobre un garaje o un soportal. Un forjado con aire frío debajo y nadie se acuerda de aislarlo.
  • Detrás de un armario pegado a la fachada. El mueble impide que el aire caliente roce el muro, así que esa franja de pared está varios grados por debajo del resto. Por eso la mancha aparece justo con la forma del armario.

Todos esos puntos tienen nombre técnico: son puentes térmicos, sitios donde el aislamiento se interrumpe o se adelgaza. En una vivienda Passivhaus se calculan y se resuelven uno a uno, y no por elegancia: es exactamente este problema lo que evitan.

La otra mitad: cuánta agua metemos nosotros

La condensación necesita dos ingredientes. Ya está el frío; falta el vapor. Y aquí la cifra sorprende a casi todo el mundo.

Las cantidades que se manejan para una vivienda son del orden de medio litro de agua por persona y noche solo respirando y sudando, entre uno y dos litros en una ducha, otro tanto cocinando, y entre dos y tres litros por cada colada tendida dentro de casa. Para una familia de cuatro que tienda en el salón, el total diario se va con facilidad a diez litros largos de agua evaporada dentro de la vivienda.

Diez litros. Si esa agua no sale, se queda. Y como no puede quedarse en el aire indefinidamente, acaba en la superficie más fría que encuentre.

De ahí sale el consejo de toda la vida, «hay que ventilar más», que es verdad y es inútil a partes iguales. Verdad, porque sacar aire cargado y meter aire frío y seco es exactamente lo que hace falta. Inútil, porque en enero abrir las ventanas significa tirar a la calle la calefacción que acabas de pagar, así que se abre dos minutos, se cierra, y a la semana nadie lo hace. El consejo choca con la factura y gana la factura.

Por qué aislar mal lo empeora

Esta es la parte que nos importa y la que casi nunca se cuenta.

Imagina una vivienda con las paredes frías por igual. El vapor condensa repartido por todas partes, en forma de humedad difusa y ventanas empañadas. Molesto, pero sin un foco claro.

Ahora aíslas los paños de fachada y no tocas el canto del forjado, ni la caja de persiana, ni la esquina. ¿Qué has conseguido? Que los paños estén calientes y esos tres puntos sigan igual de fríos que antes. Toda el agua que antes se repartía por cien metros cuadrados de pared se concentra ahora en los únicos sitios que siguen por debajo del punto de rocío. La casa está más caliente, gasta menos... y el moho de la esquina es mucho peor que antes de la obra.

Lo hemos visto bastantes veces en viviendas rehabilitadas por fases y sin cálculo previo. El propietario tiene toda la razón cuando dice que antes no tenía ese problema.

Y hay una segunda forma de empeorarlo, más seria porque no se ve. Si aíslas por dentro y no controlas el paso del vapor, lo que haces es enfriar el muro original —ahora está fuera del abrigo— y dejar que el vapor de la casa lo siga atravesando. La condensación ya no aparece en tu pared: aparece detrás del aislamiento, en la cara del muro antiguo, donde nadie la ve hasta que huele. Se llama condensación intersticial y es la razón por la que un trasdosado de pladur con lana mal resuelto puede estar pudriéndose en silencio.

Qué hace distinto una casa pasiva

Una Passivhaus no ataca el moho con un producto: lo deja sin condiciones para existir. Y lo hace por tres vías a la vez.

Las superficies interiores están calientes. El aislamiento es continuo, sin interrupciones, de modo que no hay ningún punto donde la temperatura superficial se despegue del resto. Con el muro a 19 ºC en vez de a 11, el aire tendría que llegar a una humedad disparatada para que condensara algo. El criterio de confort del estándar limita precisamente esa diferencia entre el aire y las superficies.

El vapor no entra en el cerramiento. Esto es lo que se ve en la foto de arriba: una obra nuestra con la capa de estanqueidad puesta y todas las juntas, esquinas y pasos encintados uno a uno. Esa membrana hace dos trabajos, frenar el aire y frenar el vapor, y está ahí para que la humedad de dentro no viaje al interior del muro. Lo contamos con más detalle en cómo funciona la barrera de vapor.

Conviene un matiz, porque «barrera de vapor» se usa mal muy a menudo. No siempre se quiere una lámina impermeable al vapor. En muchos cerramientos, sobre todo los de madera, se usan membranas de permeabilidad variable: cierran en invierno, cuando el vapor empuja de dentro afuera, y se abren en verano para que el muro pueda secar hacia dentro si alguna vez se moja. Poner un plástico estanco en el sitio equivocado es otra buena forma de encerrar agua donde no se ve.

El aire se renueva solo, todo el rato. Una ventilación de doble flujo con recuperador saca el aire cargado de los baños y la cocina y mete aire nuevo filtrado en los dormitorios y el salón, de forma continua, recuperando por el camino la mayor parte del calor. Los diez litros de vapor salen según se generan. Y como no cuesta calefacción, nadie la apaga en enero, que es la diferencia práctica con abrir la ventana.

Es el motivo por el que, en las zonas húmedas del norte donde trabajamos, el argumento de una casa pasiva no es tanto la factura —que en clima suave ahorra menos que en la meseta— como vivir sin condensaciones, sin manchas detrás de los muebles y sin olor a cerrado.

Y si la casa ya está hecha

La mayoría de quien llega aquí no va a construir: tiene un piso o un chalet con un problema. El orden correcto para resolverlo es este, y el orden importa más que las medidas sueltas.

1. Medir antes de tocar nada. Un termohigrómetro en el salón y otro en la habitación afectada durante dos semanas, y una cámara térmica o un termómetro de infrarrojos en un día frío. Con eso se sabe si el problema es exceso de vapor, falta de temperatura superficial o las dos cosas, y en qué proporción. Sin ese dato, cualquier obra es una apuesta.

2. Bajar la producción de vapor donde se pueda. No tender dentro, tapar las ollas, usar el extractor de la cocina y del baño de verdad. Es gratis y a veces basta en los casos leves.

3. Ventilar de forma controlada. Antes que aislar. Puede ser un sistema de doble flujo si hay por dónde pasar conductos, o equipos descentralizados estancia por estancia, que rinden algo menos pero se instalan con un taladro. Lo que no vale es sellar las rejillas existentes, que es lo primero que hace mucha gente cuando tiene frío.

4. Y entonces sí, aislar. Preferiblemente por fuera, que es lo que deja el muro caliente y resuelve de paso el canto del forjado y la esquina. Si solo se puede por dentro, con control de vapor calculado y con los encuentros resueltos, no improvisados. Ese es el método que sigue EnerPHit, el estándar para edificios existentes.

Lo que no funciona

Por orden de frecuencia con que nos lo encontramos:

La pintura antimoho. Mata el moho que hay. Como la pared sigue mojándose, vuelve. Es un tratamiento sintomático y hay que repetirlo cada temporada.

El deshumidificador como única medida. Ayuda de verdad, y en un caso leve puede ser suficiente. Pero está secando el aire de una casa que sigue teniendo un punto frío, y consume. Es una muleta, no una solución.

Tapar las rejillas de ventilación. Entendemos la tentación, porque por ahí entra frío. Es justo lo contrario de lo que hay que hacer.

Cambiar solo las ventanas. Este merece una explicación, porque parece que funciona. Las ventanas viejas condensaban, sí, pero también dejaban pasar aire; al cambiarlas por unas estancas, la casa deja de ventilarse por las rendijas y la humedad interior sube. El vidrio ya no se empaña —está más caliente— y el agua se va a buscar el siguiente punto frío, que suele ser la esquina del dormitorio. De la ventana desaparece el problema y de la casa no. Si cambias carpinterías, tienes que resolver a la vez por dónde entra el aire nuevo.

En resumen

El moho no es suciedad ni descuido: es física. Hay vapor en el aire y hay una superficie por debajo del punto de rocío, y mientras esas dos cosas coincidan, volverá por mucho que se frote. Se quita quitando una de las dos: menos vapor en el aire, mediante ventilación controlada, y superficies más calientes, mediante aislamiento continuo y sin puntos flojos.

Hacer solo una de las dos cosas, o hacer el aislamiento a medias, puede dejarte peor que al principio. Esa es la parte que cuesta dinero descubrir por las bravas.

Si tienes manchas en casa y no sabes por dónde empezar, cuéntanoslo: lo primero que haremos es medir, y con los números delante te diremos qué hace falta de verdad y qué no.

¿Tienes una parcela o un proyecto en mente?

Cuéntanoslo y te decimos qué se puede hacer, cuánto cuesta y en cuánto tiempo. Sin compromiso y con respuesta de un técnico, no de un comercial.