
El agua caliente: lo que más pesa cuando la calefacción casi desaparece
Hay un vuelco que sorprende a casi todo el mundo cuando ve el cálculo de su casa: el agua caliente de las duchas consume más que la calefacción. No porque gaste más que antes —gasta lo mismo—, sino porque la calefacción ha bajado tanto que el agua caliente se queda sola arriba del todo.
En números redondos, una vivienda pasiva de cuatro personas puede necesitar unos 15 kWh por metro cuadrado y año para calefacción, y entre 20 y 25 para agua caliente. Es el reparto al revés del que estamos acostumbrados, y cambia dónde conviene poner el esfuerzo.
El equipo: casi siempre aerotermia
Si ya hay una bomba de calor para climatizar, lo lógico es que haga también el agua caliente, con un acumulador. Dos ventajas: un solo equipo que mantener y un rendimiento que ronda el 300 % frente al 90 % de una caldera, porque no quema nada, mueve calor.
Hay una pega real: calentar agua a 50 grados es más exigente para la bomba que mandar agua a 35 al suelo radiante, así que el rendimiento baja en ese servicio. Sigue ganando a la alternativa, pero conviene no prometer el mismo número para las dos cosas.
En viviendas pequeñas o cuando el presupuesto aprieta, un termo de bomba de calor independiente —el que lleva el compresor encima del depósito— hace un papel más que digno. Eso sí: necesita coger aire de algún sitio, y ese aire sale frío. Ponerlo dentro del volumen aislado sin conducir es enfriar la casa para calentar el agua.
La legionela y la temperatura
El agua acumulada tiene que llegar periódicamente a 60 grados para que no prospere la legionela. No es optativo y hay que contarlo en el cálculo, porque esos ciclos cuestan energía. Las bombas de calor domésticas lo hacen con una resistencia de apoyo; que la lleven y que esté bien programada es algo que conviene comprobar en la puesta en marcha, no dar por supuesto.
Lo que de verdad se olvida: el recorrido de la tubería
Aquí es donde se pierde el dinero y nadie mira. Entre el acumulador y el grifo más lejano puede haber veinte metros de tubería. Cada vez que alguien abre el grifo, esos veinte metros de agua fría se van por el desagüe antes de que llegue la caliente, y además la tubería se queda llena de agua caliente que se enfría sola.
Tres decisiones que ahorran más que cambiar de equipo:
- Acumulador cerca de los baños. Agrupar los cuartos húmedos en el plano no es manía de arquitecto: acorta todos los recorridos de golpe.
- Aislar cada metro de tubería, también los tramos cortos y también los que van por dentro del aislamiento. Es barato y casi siempre se hace mal.
- Pensarse el recirculado. Una bomba de recirculación da agua caliente al instante, pero mantiene toda la tubería caliente las veinticuatro horas. En una casa pasiva ese calor perdido se nota. Si se pone, con reloj y con sonda, no funcionando siempre.
¿Y los paneles solares térmicos?
Funcionan bien y llevan décadas haciéndolo, pero han perdido terreno frente a la combinación de fotovoltaica más aerotermia: misma energía del sol, instalación más sencilla, sin circuito de glicol que mantener y con los excedentes sirviendo para cualquier otra cosa de la casa. Donde la térmica sigue siendo buena idea es en consumos grandes y constantes, que en una vivienda unifamiliar rara vez se dan.
Lo que medimos al terminar
En la entrega dejamos anotada la temperatura de acumulación, el programa de los ciclos antilegionela y el consumo del equipo en los primeros meses. Con eso, al año siguiente se puede comparar y ajustar. Sin eso, cualquier conversación sobre el gasto es una opinión.


