
Cómo se controla una obra Passivhaus: visitas, pruebas y quién firma qué
El cálculo dice lo que la casa va a consumir si se construye como está dibujada. Esa última parte es la difícil, y es la razón de que el estándar exija una comprobación final sobre la casa real. Lo que no se puede hacer es esperar a esa comprobación: hay que ir mirando por el camino, porque algunos errores a esas alturas ya no tienen arreglo.
Estos son los puntos en los que paramos.
Antes del hormigonado de la solera
El primero y el más importante, porque es el único irreversible al cien por cien. Se revisa que el aislamiento esté continuo y bien apoyado, que el arranque del muro esté resuelto como dice el detalle, y que todos los pasos de instalaciones estén colocados y sellados: ventilación, saneamiento, acometidas, puesta a tierra.
Lo que se olvide aquí se paga rompiendo.
Con la envolvente cerrada y antes de trasdosar
Este es el momento del ensayo de estanqueidad intermedio, y es la decisión de gestión más rentable de toda la obra.
En ese punto la barrera de estanqueidad está a la vista: se ve cada cinta, cada manguito, cada encuentro. El ensayo da un número y, si no sale, se localiza la fuga con humo o con anemómetro y se repara esa tarde, sin romper nada.
Hacer sólo el ensayo final es el error más común y el más caro. Si el número no sale con la casa terminada, hay que abrir trasdosados y falsos techos acabados para buscar una fuga que no se ve. Por eso en nuestros contratos el ensayo intermedio va escrito y no es opcional.
Con la carpintería colocada
Se comprueba la posición del marco respecto al aislamiento, porque unos centímetros de más o de menos cambian el puente térmico del hueco, y se revisa el sellado del premarco por dentro y por fuera: lámina estanca al interior, lámina transpirable al exterior. Las dos, y en ese orden.
También es cuando se verifica que el vidrio que ha llegado es el que se pidió, con su factor solar, hueco por hueco. No siempre lo es, y el albarán no basta: en el vidrio viene grabado.
Antes de cerrar techos
Revisión del trazado de la ventilación, de que los conductos van por dentro del volumen aislado, y del acceso a la máquina para cambiar filtros. Y comprobar que no hay ningún elemento eléctrico o de fontanería atravesando la barrera estanca sin sellar: cada caja de mecanismos en un muro exterior es un agujero potencial.
Al terminar
Ensayo de estanqueidad final, el que vale para el expediente, con la casa completa y las puertas y ventanas en su posición.
Equilibrado de la ventilación, midiendo caudal boca a boca y ajustando. Sin esto la instalación está puesta pero no terminada.
Puesta en marcha de la aerotermia, con sus curvas y sus temperaturas de consigna configuradas, y explicación al cliente de cómo se usa.
Quién firma qué
Conviene tenerlo claro desde el principio, porque es donde se diluyen las responsabilidades cuando algo no sale:
La dirección de obra y la dirección de ejecución responden del cumplimiento del proyecto y de la normativa, y firman el certificado final.
La constructora responde de ejecutar lo proyectado, y es quien tiene que alcanzar el valor de estanqueidad comprometido.
El certificador acreditado revisa el expediente del estándar y es independiente de los dos anteriores. Esa independencia es lo que hace que el sello valga algo.
Y el ensayo de estanqueidad lo hace un técnico con el equipo calibrado, que emite su informe. No lo hace la constructora, por el mismo motivo.
Si quieres ver cómo documentamos esto, en nuestras obras están los datos de cada una. Y si estás eligiendo constructora, estas preguntas te sirven para saber si estos controles están previstos o no.


