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El silencio: la ventaja de la que nadie habla

El silencio: la ventaja de la que nadie habla

3 min de lectura Eficiencia energética

Hay una cosa curiosa en las visitas a casas terminadas. Uno entra preparado para hablar de kilovatios y de aislamiento, y lo primero que dice casi todo el mundo, nada más cruzar la puerta, es lo mismo: «qué silencio».

No está en los folletos del estándar porque no es un requisito. Es una consecuencia, y resulta que es la que más se nota en el día a día.

Por qué ocurre

El ruido entra en una casa por dos caminos: atravesando los materiales y colándose por los huecos. Lo segundo es, con diferencia, lo más importante, y es exactamente lo que una casa pasiva elimina.

Una rendija diminuta en el marco de una ventana transmite muchísimo más ruido que todo el vidrio junto. El sonido se comporta como el aire: busca el agujero. Cuando se sella la envolvente para pasar el ensayo de estanqueidad, se están cerrando de paso todos los caminos por los que entraba el ruido de la calle.

A eso se suman tres cosas más que vienen incluidas sin pedirlas:

El vidrio. Un triple vidrio con cámaras de distinto espesor y gas aísla mucho del ruido aéreo, y la carpintería de altas prestaciones lleva doble o triple junta de estanqueidad en todo el perímetro.

El espesor de aislamiento. Veinte o treinta centímetros de material poroso en fachada y cubierta son también una barrera acústica considerable, sobre todo frente a ruidos agudos.

La ausencia de máquinas encendiéndose. No hay caldera arrancando ni radiadores haciendo ruido al dilatarse. El único equipo que funciona es la ventilación, y a su velocidad normal no se oye.

Dónde se nota más

En las casas con la carretera cerca, en las que están en un pueblo con fiestas, y en los dormitorios que dan a la calle. Un cliente nuestro en una parcela a sesenta metros de una autovía duerme con la ventana cerrada todo el año y no la oye. Esa es la diferencia que quiere decir el número.

Y hay un detalle que a la gente le choca: al no tener que abrir la ventana para ventilar, el silencio no se paga con aire viciado. En una casa corriente, dormir con la ventana cerrada significa amanecer con 2.000 partes por millón de CO₂; aquí no hay que elegir entre una cosa y la otra.

Lo que no resuelve por sí solo

Conviene ser honestos. La envolvente protege del ruido de fuera, no del de dentro. El ruido de impacto entre plantas, el paso de alguien por la escalera o el baño sobre el dormitorio son otro problema, y se resuelven con suelo flotante, con trasdosados y con un poco de cabeza al distribuir, no con el estándar.

Igual que el ruido de la ventilación, que es el reproche legítimo a una instalación mal hecha. Si la máquina está mal situada, los conductos son estrechos o el caudal está sobredimensionado, se oye. Se evita con silenciadores, con conductos de sección holgada y, sobre todo, no dimensionando por encima de lo necesario.

Si quieres comprobarlo, lo mejor es entrar en una. Avísanos y te enseñamos una de nuestras obras: se entiende en diez segundos y no hace falta que te lo expliquemos.

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