
Calidad del aire interior: CO₂, humedad y por qué no hay que abrir las ventanas
Es la pregunta que nos hacen en cada visita y la objeción que más circula: si la casa es tan estanca, el aire dentro estará viciado. La realidad es la inversa, y se puede medir.
El dato que nadie mira
El aire exterior tiene en torno a 420 partes por millón de CO₂. Dentro de una casa se considera buena una cifra por debajo de 800, aceptable hasta 1.000, y por encima de 1.200 se empieza a notar: cansancio, dolor de cabeza, peor sueño, menos concentración.
En un dormitorio corriente con dos personas y la puerta y la ventana cerradas, el CO₂ pasa de 2.000 partes por millón antes de la mitad de la noche. No es una casa mal construida: es lo que ocurre en casi todos los dormitorios de España cada noche. Y amanecer con la cabeza espesa no se achaca al aire porque nadie lo mide.
En una casa con ventilación continua la misma habitación se queda entre 600 y 800 toda la noche, porque se están metiendo treinta metros cúbicos de aire nuevo por persona y hora sin que nadie tenga que hacer nada.
Estanco no es hermético
Aquí está el malentendido. La estanqueidad no busca que no entre aire: busca que el aire entre por donde se ha decidido, filtrado y templado, en vez de por una rendija del marco de una ventana o por el agujero de un enchufe.
Una casa con infiltraciones no está ventilada, está desordenada. Entra mucho aire con viento y nada en calma, entra por los sitios peores (una cámara de aire, el forjado, el garaje) y arrastra consigo polvo y humedad hacia dentro del muro. Lo que se gana al sellar es el control.
La humedad
El rango cómodo y sano va de 40 a 60 % de humedad relativa. Por debajo de 30 % se seca la garganta y la piel; por encima de 65 % hay riesgo de condensaciones y de moho.
En invierno, el reproche habitual a estas casas es que secan el ambiente, y es un reproche con parte de razón cuando la instalación está sobredimensionada: cuanto más aire frío y seco se mete y se calienta, más baja la humedad relativa de dentro. Se corrige bajando el caudal en los meses fríos, que es exactamente para lo que la máquina tiene varias velocidades. Si el caso es extremo hay recuperadores entálpicos, que devuelven parte de la humedad junto con el calor.
En verano el problema es el contrario, sobre todo en la costa: aire que entra con 70 % de humedad. Ahí la solución pasa por deshumidificar, y el estándar lo contempla como criterio aparte de la temperatura.
Lo demás que se queda fuera
Con el filtro fino de la entrada se quedan en el filtro el polen y buena parte de las partículas finas del exterior. Para una familia con alergia esto cambia la vida más que el ahorro en la factura, y es la ventaja de la que menos se habla.
Por dentro, lo que importa son los compuestos orgánicos volátiles que sueltan los materiales: pinturas, barnices, colas de los tableros, aglomerados. Una casa muy ventilada los evacúa, pero es mucho mejor no meterlos: en bioconstrucción la elección de materiales de acabado se hace también por esto, no sólo por su huella.
Cómo comprobarlo
Un medidor de CO₂ decente cuesta menos que una cena y es la forma más rápida de entender todo lo anterior. Déjalo una noche en tu dormitorio actual con la puerta cerrada y mira la gráfica por la mañana. Esa curva explica mejor que cualquier folleto para qué sirve una ventilación de doble flujo.
Si quieres verlo medido en una casa terminada, escríbenos y lo vemos en una de nuestras obras.


