Passivhaus frente a construcción tradicional: qué cambia de verdad
Cuando alguien compara presupuestos suele pensar que la diferencia entre una casa pasiva y una convencional es cuestión de centímetros de aislamiento. No lo es. La diferencia está en el método, y de ahí salen todas las demás.
Una se calcula, la otra se cumple
Una vivienda convencional se proyecta para cumplir el CTE, que fija mínimos por elemento: este muro, esta ventana, esta cubierta. Si cada pieza cumple, el edificio cumple. Una Passivhaus se proyecta al revés: se fija un resultado para el conjunto, una demanda de calefacción igual o menor que 15 kWh por metro cuadrado y año, y después se calcula qué combinación de piezas lo consigue en ese clima y con esa orientación.
Por eso la misma casa no se construye igual en Burgos que en Toledo. En una se cumple la norma con los mismos espesores en los dos sitios; en la otra, no.
Una se comprueba, la otra se presume
Esta es la diferencia más incómoda y la más importante. En obra convencional, que el aislamiento esté bien puesto se da por hecho. En una Passivhaus se mide: el ensayo de estanqueidad al aire pone la casa a 50 pascales y dice cuánto aire se escapa. El estándar exige no pasar de 0,6 renovaciones por hora. O sale el número, o no sale.
Lo que se nota al vivir dentro
- No hay rincones fríos. Sin puentes térmicos, la temperatura de las paredes es prácticamente la del aire. Se acabó la sensación de pared fría en invierno.
- No hay corrientes. Una envolvente estanca no deja entrar aire por donde no debe, y el aire que entra lo hace ya templado por el recuperador.
- El aire se renueva siempre. No depende de acordarse de abrir la ventana, y encima entra filtrado.
- Se oye menos la calle. No es un objetivo del estándar, es una consecuencia: la misma envolvente que para el calor para el ruido.
Y lo que cuesta
Construir una casa pasiva cuesta más que construir la misma casa al mínimo normativo. Negarlo no tiene sentido. El sobrecoste está en la envolvente, en las carpinterías y en el trabajo previo de cálculo y detalle, y se recupera en la factura a lo largo de los años. Lo que no se recupera, porque no se paga con dinero, es el confort.
Un apunte práctico: al comparar dos presupuestos, mira si los dos incluyen el cálculo PHPP, los ensayos de estanqueidad y la certificación. Si uno los lleva y el otro no, no estás comparando precios, estás comparando cosas distintas.
Lo que ponemos nosotros en cada obra está en las fichas de obra construida, con superficies, instalaciones y acabados.


